La enfermedad

Teníamos que amoldarnos. Eso sí. No quedaba otra opción. Aquella enfermedad terminal que le había acometido, podía atacarle en cualquier momento y darle el golpe final.
Es como si un intruso hubiera penetrado en su piel y que él hubiera decidido permancer en su bazo hasta que se muriera.
Parece que aquel maldito invasor había persuadido al resto del cuerpo en que fuera un aliado, uno de ellos.
Ahora estaba acechando la ocasión adecuada para poder quitarle la vida.

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